Porqué cuándo crecemos nos cuesta tanto tener una sonrisa afable y 100% sincera como la de los niños?
Digo esto, porque ayer a la nieta de mi vecina (la Sr.a Teresa, que por cierto solo tengo buena palabras hacia ella) y a dos amigos suyos que tiene de juegos, pues me los encontré en la terraza cuando salí a tender la toalla de la ducha al tendal, y hablé un ratín con ella como solemos hacer casi siempre. Aproveché y le regalé a ella y a sus "compis" de aventuras una chocolatina
a cada uno y la sonrisa de los tres, pero sobre todo la de la nieta de la Sra. Teresa (la de los otros dos fue menor debido a la vergüenza) fue tan, tan sincera, tan linda... que te hace pensar, plantearte el porque COÑO cuando crecemos nos hacemos más ráncios, más distantes y no apreciamos las pequeñas cosas de la vida, como en este caso una chocolatina (que por cierto, están...mmmmmmm) que te regala tu vecino.
Es Super reconfortante el que te brinden una sonrisa de ese calibre, límpia, sincera, acompañada de una mirada llena de "vergüenza" a la par que escuchas: "obrigado". Muchas veces añoro la felicidad que se tiene cuando se es un niño, cuando tus preocupaciones no van más allá de el partido de fútbol del recreo, sin tener malos rollos, solamente viviendo día a día y descubriendo un sinfín de cosas nuevas. Como muy bien escribió un día Mario Benedetti:
-La infancia suele terminarse de sopetón con algún juguete roto, o con la muerte cercana y entrañable de un perro o abuelo-
Pues eso, que intentemos ser un poco más felices con las pequeñas cosas de la vida y por lo tanto aprendamos de los niños (o intentemos recordar lo que fuimos no hace tanto tiempo).
Mari Theresa Schmich (escrito en el Chicago Tribune, 1997)
10/4/10
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario